No es sólo hablar, hay que COMUNICAR.

Desde bien pequeñita he sido la típica niña que “no callaba ni bajo del agua” , ya con dos años parecía que me daban cuerda, hablaba… hablaba… de todo y de nada, pero el caso era hablar. Y, por supuesto, a día de hoy, sigo en mi línea (una experta de la comunicación).

Soy como un libro abierto, sin filtros, para lo bueno y para lo malo, nunca se me queda nada en el tintero.

Sin poder evitarlo expreso cada sentimiento, cada sensación y hasta el último de mis pensamientos.

Y como era de esperar… de patos, PATITOS.

El pequeño aún se está soltando, pero la mayor de cuatro años… ¡vaya tela! todo lo comenta, todo lo pregunta y por supuesto, TODO LO SABE.

Tengo que ser sincera y decir que en más de una ocasión he deseado que hubiese un botoncito mágico que funcionase a modo de ON OFF, o en su defecto una de esas ruedecitas que bajan suavemente el volumen.

Pero a día de hoy, doy gracias de haber inculcado en nuestra familia algo tan importante como:

LA COMUNICACIÓN ENTRE PADRES E HIJOS

La comprensión, la empatía, el afecto y la confianza para hablar ¡de cualquier cosa!


Y ¿por qué os hablo ahora de esto?

Pues porque ahora más que nunca, necesito saber.

Saber cómo se siente y qué piensa, sus miedos y sus ilusiones, sus amistades y enemistades.

Y para que me entendáis un poquito, os pongo en situación.

Hace un año, mi princesa empezó “el cole de los mayores”, como dice ella, con su período de adaptación, conociendo a nuevos compañeros, nuevo sitio y nuevo profe.

Período superado con éxito y muy orgullosos de ella

Bueno, pues este año, por circunstancias de la vida, ha vuelto a cambiar de cole…

Fue repentino, sin tiempo a concienciarse.

Ha sido un cambio brusco, una decisión difícil de tomar, basada por supuesto en que sea lo mejor para ella.

Esperando a que sea una decisión acertada, pasan los días, días largos para todos, pero aún más para ella.

Se hace duro pensar, que quizás se sienta sola, desubicada, sin rostros familiares, sin caras amigas, perdida en una jungla donde ella ocupa el último escalafón.

Tengo que decir, que por mi día a día como maestra, se perfectamente que estarán pendientes de ella,que harán lo posible para que este agusto, la abrazarán, la consolarán…pero también se que es algo inevitable… es un momento por el que tiene que pasar.

Y es por esto, por lo que necesito que me cuente, que se exprese y se desahogue.

En estos momentos, tiene que ver que sus problemas son nuestros, que sus preocupaciones también las sufrimos.

Siempre ha  sido así, pero ahora es cuando más hay que sentir la complicidad que tenemos.

Saber escuchar, sin prisas, sin posicionamientos, con ganas de entender y comprender.

Ayudando a que ponga soluciones, pero no dándoselas,  sino facilitando que llegue a ellas.

Sabemos que no le va a ser fácil, y esto nos empuja a querer controlar todas las situaciones y decirle qué hacer en cada momento. ¡ERROR!

Hay que ayudarles a entender la situación y reflexionar,y esto se consigue de una manera muy fácil, DIALOGANDO

 Al igual que para nosotros nuestros problemas son importantes, para ellos, los suyos son igual de graves, y debemos de darles la importancia que merecen, mostrar empatía y ponernos en su lugar. De lo contrario, años más tarde no nos tendrán en cuenta, y posiblemenete ahí sí que se tratará de “problemas de verdad”.


Pero ¡cuidado! esto no se consigue de un día para otro

Yo llevo desde bien pequeñita, contándole mis cosas, mi día a día, e intentando lo mismo de manera recíproca.

Intentando que vea que es bueno expresar nuestros sentimientos, nuestras preocupaciones.

Mostrando confianza y evitando sobre todo… los juicios.

Para entenderlos hay que escucharlos y comprenderlos, no JUZGARLOS.

Y sobretodo SINCERIDAD y HONESTIDAD, no podemos recibir si no damos.

No debemos de tener miedo a la hora de reconocer si hemos hecho algo mal.

Les pedimos que nos hablen bien, que nos nos chillen, que no utilicen palabras inadecuadas, cuando nosotros en muchasss ocasiones, presos del estrés, lo hacemos.

PUES A DISCULPARSE


Para saber cómo se sienten y ayudarles…

COMUNICARSE, COMUNICARSE Y COMUNICARSE

Cada vez que mi hija llega a casa, converso con ella, intercambiamos experiencias, yo le cuento a ella y ella me cuenta a mí (no tiene que parecer un interrogatorio).

Si tiene alguna preocupación, me intereso por saber si quiere que le de un consejo o simplemente que la escuche.


Para cualquier padre la comunicación es fundamental

De ello dependerá que nos tengan en cuenta cuando necesiten ayuda o tengan algún problema el día de mañana.

Yo de momento intento ayudarla a entender la situación y a superar el día a día.

Espero que de aquí un tiempo (ojalá sea en breve) veamos todo esto como una experiencia vivida y superada.

Así que… una vez dicho esto… venga! A hablar!!!

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