Hermanos, amigos que no elegimos

Desde bien pequeñita (hasta jugando con muñecas) mi sueño era el mismo, HIJOS más de uno (si cuando llegaba el momento me era posible claro) . Siempre he querido que tuviesen hermanos, así que mínimo DOS.

Sí,sí… esa niña con un carro y una docena de bebés dentro y otros tantos al brazo… ¡era yo!

¿Por qué? Pues principalmente, porque nosotros en casa éramos dos, así que sobre que se siente siendo hijo/a única ¡ni idea!, pero si me preguntas:

¿Qué es criarte con hermanos?

Ahí tengo para escribir un libro.

En mi caso, estoy yo, que soy la mayor, y luego viene mi hermano, el “enano” de la casa.

Enano” porque en mi casa todos usamos motecillos cariñosos para dirigirnos entre nosotros, pero la verdad, es que el suyo no está muy acertado…¡Nos saca una cabeza a todos!

Mi hermano y yo nos llevamos tres años justos, ya que somos del mismo mes, y posiblemente por eso (poca diferencia de edad) somos más que dos personas que comparten lazos de sangre.

Por suerte o por desgracia (dependiendo del momento)…

 mi hermano para mí, ha sido…y es…

Un gran compañero de juegos y de risas ( a veces, la peor pesadilla de mis pobres muñecas).

Me ha regalado una infancia con muchos momentos para recordar, que aún a día de hoy me hacen reír, aunque en su día me hicieron llorar, es lo que tiene madurar… jejeje.

Tras esos años de trastadas, mi hermano pasó de ser el que cogía a sus Action man para secuestrar a mis Barbies, para ser mi cómplice de escapadas furtivas (hacía de tapadera o reforzaba mis coartadas).

Ay…… la pre adolescencia….. ahora que lo veo como madre….

Pero con el tiempo se convirtió en colega de juergas y viajes ( ya no me apoyaba para que me diesen permiso, sino que se venía conmigo).

Y muy a su pesar… (este papel todavía lo hace), asesor de imagen en días de compras y confidente en esos momentos en que necesitamos un hombro donde llorar.

Pero… ¡es un chico! me han dicho más de una vez…

¡¿Y qué?!

Personalmente, nunca he sentido menos entendimiento o comprensión por el hecho de ser chico, sino todo lo contrario.

En muchas ocasiones me ha servido para entender la otra cara de la moneda, o para conocer la visión masculina.

Y si… después de 29 años sabiendo lo que es tener un hermano y cadáveres de muñecas decapitadas…

Tenía claro que cuando llegase el momento de formar una familia, no me conformaría con uno.

Y así fue…

Con 28 años, mi pareja y yo tuvimos a mi hija, la mayor, y casi 3 años después, llegó el pequeño.

De manera casi paradójica, tengo lo que siempre había querido, y encima es como un “bis”.

NI HECHO ADREDE

Mi hermano y yo / mi hijos 30 años después

Pero… un momento

La faena no era expulsarlos y ya está, después de todo, eso acaba siendo lo más fácil.

Yo lo que quiero para ellos, es lo que yo he tenido

Una persona, a la que le puedas contar un día duro de trabajo, una discusión con tu pareja y a la vez echarte unas risas por algo que te ha pasado en plena calle.

UN HERMANO, UN CÓMPLICE, UN AMIGO

Así que… ahora venía la segunda parte, el papel como MAMI.

Como actuar con la llegada de un hermano

Por lo que veo en el trabajo, cuando llega un hermano, los celos son lo más normal (siempre dentro de unos límites), de hecho es un sentimiento positivo.

¿Positivo? ¿Los celos?

¡Sí, sí! Los celos son señal de que hay lazos fuertes, un vínculo familiar, relación de apego.

Y claro, como nos pasaría a nosotros, cuando llega el pequeño, tienen miedo ¿qué pasará conmigo? ¿Me querrán menos?… ¿ y yo qué?….

De un día para otro ¡tienen que compartir a sus padres!

Todas las atenciones, todas las risas, carantoñas y mimitos ya no son para él solo.

Todo cambia para ellos, hasta el punto de que cada vez que hay visitas en casa, ¡son para conocer al pequeño! ¿Y ellos? ¿Que nadie los ve? ¿Se han convertido en invisibles?

A esto tengo que decir, que incluso yo misma, en los primeros meses de mi hijo, sentí que le estaba arrebatando momentos a la mayor, atenciones,algo que LE PERTENECÍA… como que le arrebataba algo. Más tarde entendí que no era así, que ahora todo eso era compartido, experiencias y recuerdos que quedarían para los dos.

En este momento están pasando por un proceso de adaptación

A lo largo de este proceso, nosotros, que aunque a veces no lo parezca (la situación también a nosotros nos supera) somos los adultos, la parte centrada y racional, tenemos que ayudarles a entender la situación, asimilar algunos cambios y sobre todo EVITAR QUE LO PASEN MAL.

¡Pero cuidado! No en exceso, los malcriaréis.

Yo en mi caso, estoy muy contenta con los resultados, por lo que voy a compartir con vosotros cómo lo hicimos por si os sirve de algo a los que estéis en ese momento.


En primer lugar, nosotros hablamos con la mayor, y le explicamos que era eso “ LA MAYOR”.

¡Su AYUDA nos es muy útil!

Le dijimos que no se pensase que no pintaba nada, sino todo lo contrario, que necesitábamos su ayuda para cuidar al pequeñajo. De esta manera ella se siente importante y desde el primer día, nos ayuda a ducharlo, a ponerle cremita, cambiarle el pañal…

Y aún creciendo, hay que hacer que sigan compartiendo, baños, paseos, juegos… la hora de la comida y de la cena…

Esto nos ha funcionado muy bien, hasta el punto, de que el pequeño come mejor con ella. Igual estás peleando media hora para que coma, hasta que ve que ella coge la cuchara y abre la boca de par en par.

Es bonito ver cuando tras una caída, se consuela solo de ver que su hermana va a por él.

¡Importante! Hacer esto con conocimiento

Siguen siendo niños , por lo que esto NO ES UNA OBLIGACIÓN.

Simplemente es hacerlos participar, siempre que quieran.


En segundo lugar, de manera casi inevitable, no pueden evitar estrujarlos, apretujarlos y comérselos a besos.

Nos pasa a nosotros….

La diferencia está en que ellos no se controlan, tiene un muñequito en casa, que ríe, llora y hace caca de verdad, por lo que a veces… se pasan y claro… les hacen llorar.

En los momentos de achuchón seguidos de lloros, no los riñáis en exceso.

En ese momento nosotros le explicamos que sin querer le ha hecho daño, y que nos ayude a consolarlo diciéndole cositas o cantándole.

A día de hoy, se pasa el día canturreándole.


En tercer lugar, y esto depende de la diferencia de edad, yo evité que coincidiese la llegada del peque con otros cambios.

Organizar la retirada de pañal, operación “fuera chupete” y traslado a su cuarto.

Tenía claro que me costaría el doble y sería demasiado para ella hacer todos esos cambios después de nacer su hermano, ya que por edad, coincidía todo en ese momento.

Después de darle muchas vueltas, decidimos intentarlo todo antes de que llegase el canijo, y por suerte no nos costó nada.

¿Como le explicaba que el pequeño sí y ella no? Porque explicación hay, pero ¿la querría entender?

Por suerte, ya que era una cosa menos, la lactancia materna con la mayor, la dejamos al añito y medio.


Castigos en premios

En cuarto lugar, hay que evitar convertir los castigos de uno en el premio del otro. ¿Qué lío no?

Os explico, si alguno hace algo mal, NUNCA NUNCA le digáis que en vez de jugar con él, vais a jugar con su hermano, o que vais a querer más al otro.

Creáis una competitividad entre ellos, NADA SANA.


Por último, mi pareja y yo decidimos marcar momentos que eran SÓLO PARA ELLA, y de esta manera, poder hablar con ella y que nos contase sus cosas. Que viese que no todo eran los cuidados del pequeño.

Para nosotras, hay dos días entre semana que por la tarde son para nosotras, tarde-noche de chicas, que para no discriminar jejeje, a veces intercambio con su padre.


Y para terminar, avisaros que todo esto no es solo para los PAPIS, hablar con los abuelos, tíos, amigos…

¡Para todos!, las atenciones tienen que ser por igual. Muestras de cariño a los dos, y no pagar con uno el estrés que nos haya podido ocasionar el otro.

Ah! Y muy muy importante! ¡No comparar!

A nosotros no nos gusta que nos comparen, ¡a ellos tampoco! Cada uno tiene sus cualidades.

Uno comerá mejor o más rápido, el otro más variado, uno será más obediente y el otro más nervioso, uno más paciente y otro más impetuoso… y así podríamos seguir hasta cansarnos.

Y algo en lo que siempre caemos todos…

El pequeño “por ser el pequeño no tiene que salirse siempre con la suya”, y la mayor tiene que aprender a compartir.

En definitiva, es guiarles, enseñarles a quererse de la mejor manera, a contar el uno con el otro.

Enseñarles a ir de la mano

Al verlos juntos… simplemente me enamoran

HERMANOS

6 Comments

  1. Simplemente perfecto

    • Me alegro de que te haya gustado, yo con que os llegue lo que pienso cuando lo escribo..

  2. A mí también me enamoran ! Jjjjjjj

  3. Enhorabuena! Me ha encantado

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