Nueva misión ¡Adiós chupete!

Cuando tienes un hijo pasas pruebas de fuego, que  ríete de los “Ninja Warrior”; los primeros resfriados, noches en vela por tos, fiebre, mocos, aparición de los primeros dientes, operación pañal, retirada del chupete…

Aún habiéndote preparado…

La realidad es más dura, por que te pilla novato, inexperto y sobretodo preocupado, si si, sobretodo preocupado… POR TODO.

¿Duerme mucho o duerme poco? ¿estará mejor en la cuna o en la cama con nosotros?¿porqué respira tan rápido cuando duerme?

¿Cuánto alargo la lactancia? ¿come suficiente? ¿empiezo a darle sólidos? ¿es demasiado grande ese trozo? ¿lo masticará o se lo tragará?

¿Porqué no gatea? ¿balbucea poco? ¿debería de andar ya? ¿será el momento para quitar el pañal? ¿guardamos ya chupete y el biberón?

¿Si le quitamos ya el chupete se pasará al dedo? ¿lo pasamos ya a su cama? ¿quitamos el pañal de las noches?

Mil dudas… y todas sin respuesta

Por lo que no te queda otra que apechugar, aprender sobre la marcha, tener muuuccchhhaaa paciencia.

Pensar que los niños no vienen con una guía que seguir.

Hagamos lo que hagamos, bien hecho esta.

Somos sus padres y nuestra finalidad siempre es conseguir su bienestar. Por lo que ¿cómo  dormirlo? Lo importante es que duerma y que descanse. ¿Biberón o lactancia? Sobretodo alimentarlo…

Vamos pasando fases y etapas

Nos vamos dando cuenta de que nunca acaba…

Es una prueba tras otra, ya que cada edad tiene sus cosas, su aprendizaje y su evolución y cuando conseguimos superarlas nos da mucha satisfacción. Primero por que vemos que van creciendo y aprendiendo y segundo por que tan mal no lo estaremos haciendo, ¿no?

Se hacen mayores, y piensas ¿vamos a por el segundo? Ya no somos novatos

¡Error! No por lo de querer un segundo, sino por pensar que la faena ya esta hecha.

Esta claro que la preocupación no es la misma, pero damos por sentado que lo hecho una vez, hecho mil veces ¡y no!

Cada niño tiene un ritmo, capacidades y mecanismos de aprendizaje distintos, que por lo tanto, harán que tengan otra manera de hacer las cosas.

Pueden haber cosas que coincidan,pero habrán otras tantas que dirás ¿son hermanos?

Yo ahora mismo estoy con la misión: ¡Adiós chupete!

Daba por sentado que sería fácil, que estaría “chupado”.

Con la mayor no nos costó nada, el chupete desapareció, ella estuvo dos o tres noches que le costó un poquito conciliar el sueño y ¡misión cumplida! a los 20 meses desapareció el “pupo” y a los 23 el pañal. Fue todo rodado.

Pero con el pequeño…

De la misma manera que hicimos con su hermana, hemos esperado a que fuese el momento.

Sabemos que el reflejo de succión es algo innato desde que están en la pancheta, y que más tarde se convierte en un acto que les proporciona “relax”. De hecho con la mayor no tanto, pero con el peque de la casa, que es un “traca”, es darle su amado PUPO y se pone hasta bizco. Entra en un mundo paralelo… desconecta de una manera alucinante.

En esos momentos es cuando me di cuenta de que esta vez… no sería tarea fácil.

Primero esperamos a que no tuviese desficio de boca

Evidentemente, si a nosotros cuando nos sale una muela nos queremos morir, no me quiero ni imaginar lo que debe de ser la dentición de un niño.

¡Toda una boca! Inflamada, cortando y saliendo… puff, pobrecitos, si el pupo les alivia y les consuela ¡a chupetear!

Una vez pasada esta etapa esperábamos que lo fuese dejando poco a poco… pero ¡NO FUE ASÍ!

La cosa iba a más

En lugar de ir abandonándolo o olvidándose poco a poco, empezó a obsesionarse.

Un pupo en la boca, dos en las manos y un trajín arriba y abajo, que cualquiera le decía algo.

En ese momento decidimos actuar, ya que por mi trabajo conozco las consecuencias de alargar el uso del chupete:

  • Deformación del paladar
  • Desplazamiento del maxilar
  • Mal cierre y encaje de los dientes de arriba con los de abajo
  • Mala respiración, pronunciación y masticación
  • Retraso de la aparición del lenguaje

Pero… por otro lado…

Nos daba miedo, causarle agobios y presión.

Conozco las consecuencias de quitarlo tarde, pero también de hacerlo de manera brusca.

Para empezar, si nos ve agobiados y ansiados por quitárselo podemos provocar totalmente el efecto contrario a lo que queremos.

Y en segundo lugar…

EL DEDO

Si por hacerlo  de manera inadecuada sustituye el  chupete por el pulgar ¡la hemos cagado!

El pulgar al ser más duro tiene más riesgo de provocar malformaciones, eso por un lado.

Y por otro, si el chupete cuesta de quitar, el dedo que haces ¿se lo cortas?.

Por lo que, lo más importante es:

Ir quitándolo poco a poco, yo por ejemplo empecé haciendo que desapareciese una vez se levantaba por la mañana, volvía a aparecer para el rato de la siesta y por la tarde-noche cuando estaba más agotado y potroso se lo volvía a dar.

Ahora mismo ya solo lo gasta para la siesta, pero una vez ya se ha acostado y relajado, y para dormir después de haber cenado y lavado los dientes (rutina de la que os quiero hablar algún dia).

EL momento en el que se hace también es importante

Que no coincida con etapas ni momentos de cambio, adaptación, llegada de hermanos, operación pañal, traslado a su cuarto…

Y en mi caso, la otra vez lo hice así, la desaparición total intento que sea en días de vacaciones o de fiesta.

¿Porqué?

Pues por que los primeros días les cuesta relajarse, conciliar el sueño y dormirse. Lo que hacía  hasta el momento, succionar, ya no es posible, por lo que tiene que aprender a hacerlo sin  la ayuda de ese mecanismo.

Se dormirá más tarde de lo normal y por lo tanto vosotros también, por lo que si al día siguiente no se madruga mejor ¿no?

Y… con esto creo que ya lo he dicho todo, ahora me queda ponerlo en práctica y armarme de paciencia… ¡ah! Y acostumbrarme a nombrar lo menos posible la palabra tabú “PUPO”, si la oye… ya nos podemos esconder.

¡Suerte a las que esteis como yo!

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